lunes, 13 de mayo de 2013

HOMENAJE, de Ana Elisabet Keergaard


Del latín homo rendir honor y admiración a una persona y a muchas…
Aún soy muy joven, no se nada de funciones o cargos públicos, atiendo el teléfono, llama el Intendente Angel Cortese y le ofrece a mi papá el cargo de Delegado Municipal…. Me quedo escuchando:
– Sí, acepto, pero con una condición
– Necesitamos tu ayuda
– Tenemos que lograr la ruta 72.
– Sueldo, nada, es ad-honorem…
– Está bien, ¿luchamos juntos?...


Hoy abro el álbum de recuerdos de mi padre y leo:
1961: Simplemente llegó una escueta noticia: el ferrocarril no pasa más.
Enero de 1971, todo quedó concluido se llevaron los rieles.
9 de noviembre de 1976: Siempre hay un lugar para el optimismo, hasta en una comunidad como la de Orense, que hoy cumple 63 años, vapuleada durante tanto tiempo por una serie ininterrumpida de desencantos y de frustraciones. La ruta 72, una obsesión justa, lógica, se ve relegada. Entonces los pueblos y los hombres enferman de desesperanza y es muy difícil confiar en la anhelada solución que los poderes públicos les niegan. Tantos años hemos sido defraudados ¿Es que es tan difícil traspasar tierras argentinas a argentinos dentro de la Argentina? ¿En su momento, no se la cedieron a los ingleses para su explotación?
21 de abril de 1977: Publica revista GENTE. “Desde 1961, Orense está aislada. Cuando llueve no se puede salir, salvo con la ayuda de un tractor, que en casos de emergencia tiene que empujar la ambulancia para llegar al hospital más cercano, que está a 70 kilómetros, en Tres Arroyos.” ¿Cómo se puede impedir que el progreso (léase camino pavimentado) pase por donde los trenes no circulan?
28 de abril de 1977: el gobernador de la provincia , anunció en Tres Arroyos que se concretaría el llamado a licitación para la construcción del tramo pavimentado entre Orense y San Francisco de Bellocq. Orense aguarda su hora más feliz, después de haber soportado durante 17 años un aislamiento injustificable en las épocas de lluvia. La Asociación de Fomento entusiasta gestora de cientos de tratativas entendió que la lucha había dado sus frutos
9 de noviembre de 1977: Orense cumple 64 años. Leo una declaración de mi padre que dice: “Sólo lamento que hoy, aniversario de nuestro pueblo, no se haya concretado aún el llamado a licitación por parte del Ministerio de Obras Públicas de la Provincia”
10 de enero de 1978: Fue licitado el tramo Orense-San Francisco, el día 20 se abrirán las propuestas.
23 de abril de 1978 : Una notita escrita en letra manuscrita dice: “Angel Amer Cortese, un amigo leal y sincero, un continuo luchador, ha fallecido hoy, ésto me significó una tristeza muy grande, difícil de superar”.
Septiembre de 1979: Pavimentan la ruta 72. La empresa NOVOBRA ya ha comenzado la pavimentación del tramo Orense-San Francisco de Bellocq.
Cierro su álbum de recuerdos, es apenas un fragmento muy pequeño de nuestra historia, pero refleja el trabajo de muchas personas que lucharon juntas, que concretaron sus sueños y nos dejaron su ejemplo.
Homenaje, honor y admiración a hombres como mi papá, por ese tiempo Delegado Municipal Valdemar Keergaard, al Intendente Angel Amer Cortese, a integrantes de la Asociación de Fomento y a tantos vecinos que lucharon juntos, por esta obra y por otras tantas con un solo fin, lograr el bienestar de los habitantes de Orense.
Ana Elisabet Keergaard


María y Joaquín, de Osvaldo Lanusse Arandía

La historia de ellos dos es una más, tan similar a la de tantas personas que alguna vez decidieron sembrar la semilla del porvenir, la esperanza, y el profundo deseo de que el lugar que elegirían, fuera el más conveniente.
María Jaurena, nació en la zona rural de Tres Arroyos, Paraje El Bombero, el 16 de octubre de 1.900, de condición humilde y en el comienzo del mismo siglo XX, con todo por hacer y poco en el haber, con esa niñez dura que marca lo escaso, con la compañía sólo de su mamá Lorenza y de unos tíos, que sostuvieron muy joven a su madre y a su niña, por varios años. Luego apareció Juan Verne, quien se casó con Lorenza y le dan a la niña su amado hermano Juan. Su niñez cambia, se hace más feliz, según ella misma recordaba.
Joaquín Arandía, por otra parte, había nacido en Ayacucho, un 08 de abril de 1.887, sus padres: Pedro Arandía , vasco francés y su madre: Antonia Sagardía, española, habían llegado a la Argentina a comienzos de 1.880, historia de inmigrantes que dejaron su familia, sus amigos, sus penas y glorias, del otro lado del charco. Joaquín, tuvo cuatro hermanos, María, Antonia, Domiciano y Felisa.
El, con poco más de 20 años, se trasladó a Tres Arroyos donde conoció a su María, dulce, frágil, sonriente, “una grande” como lo inspira su nombre, mi querida Abuela María. Se casaron y se trasladaron a un pueblo muy cercano, Orense, “atrás de la vía”, punta de riel, prometedor, naciente y floreciente, que el ya conocía ya que en mayo de 1914, en ese pueblo de pocas personas, menos edificación, un almacén, y mucha pampa, Joaquín había formado parte de la comisión de festejos del baile del primer 25 de mayo celebrado en el pueblo, en el Victoria Hotel (hoy casa de Norma Klozter). Esta referencia fue escrita por Zulema Soler, en el del libro del Cincuentenario.
Su vida social, fue entremezclándose con su tarea, en la década del 20, junto a José Soulé, crearon “La Higiénica”, lechería, con reparto mañana y tarde. La amistad era sagrada, fuerte, la palabra un papel de garantía recíproco con sus amigazos, Arcángel Meo Guzmán, Olegario Guzmán, Manuel Abdala, Manuel Filella, Jesús Alonso, Dr. Cayetano Russo, Ramón Fredes, Anastasio Eguren, entre otros.
María y Joaquín iban andando la vida, entre el puchero, guiso, la sopa, algo de vaca (de vez en cuando), menú corto para esos duros años comenzando su historia, en esa casa de varias habitaciones, (esquina dónde en la actualidad se realizan los remates de De la Mata), en una de las cuales instaló un bar, relacionándose así con los vecinos pioneros del naciente pueblo. Las familias Fornilo, Alonso, Pis, Garaygorta , Cejas, Monedero, (quienes vivían enfrente con un hospedaje para viajeros), Duport, Martínez, entre otras. A la vuelta de la misma manzana estaba el hotel “La Amistad”, de Florentino del Bello primeo, y luego de Martín Ordoqui. Un establecimiento de varias habitaciones, donde se levantó, en numerosas ocasiones el altar para oficios religiosos de matrimonios, que en el contrajeron enlace, e incluso como sala de partos para las madres que traían sus hijos al mundo. Hay en nuestra familia varios casos de ambos sucesos. En la esquina frente a lo de familia. Cuesta estaba el turco Martín que tenía una verdulería.
Y mientras su familia crecía y crecía.Tuvieron siete hijos: Américo, María Amelia, Irma, Ada, María Teresa, Alicia Susana y Juan Carlos. Fueron años difíciles, de privaciones,”la cosecha y la esquila” , eran su fuerte, el sustento para su numerosa familia, las hacía en el campo de Alcorta, de Ambrosius y donde fuera, (según su correspondencia que conservo).-
Más adelante tuvo a cargo el frontón de pelota a paleta, pegado a su casa, (aún está una parte de la edificación), y más tarde su hijo Américo, fue su sucesor, quien con sus tres hermanas mayores: Ñata, Irma y Ada, eran buenos jugadores de esa disciplina, (recuerdos de Chicha Fornilo) quien vivía en la esquina siguiente, cruzando la calle con su familia. En los años 40, se trasladó con su familia. a un salón y casa más céntricos, que también fue bar y reunión, hoy esquina de Supermercado La Querencia, donde se realizaban cumpleaños, aniversarios, eventos, y despedidas de solteros, crónica social plasmada en Democracia, periódico de ese momento orensano. Sus hijos, también eligieron a Orense, como su lugar en el mundo.-
Américo, fue ferroviario, comenzó en Ramon Santamarina, junto a otros operarios, manejaban la zorra, que iba por las vías, reparándolas, trabajos de mecanización del tren o los vagones cuando era necesario, allí conoció a la que fue su esposa, Noris Martínez, con quien tuvo dos hijos: Margarita Zulema “(Zully)” y Carlos Alberto “(Beto)”. Recorrió en familia también, estaciones como la de Orense, Oriente, Mar del Plata, finalizando en Cristiano Muerto, hasta que el ramal ferroviario, fue levantado totalmente (un artículo en la revista Gente, habla de éste hecho con la fotografía de él, que había quedado solo, cuidando el lugar.)
María Amelia (Ñata), mi mamá, luego de terminar sexto grado, se dedicó a enseñar a leer y escribir, a integrantes de la colectividad danesa en la zona, tipo maestra rural, era usual en esos años, los hermanos Andersen y Fabricius, fueron sus alumnos, también los mayores hermanos Isasa. Se casó con Arturo Kuhlmann (Tito), chacarero y luego mecánico, y nace su hijo, mi hermano: Arturo Joaquín. Su esposo fallece. Pasan algunos años y contrae matrimonio con Bautista Lanusse (Pelado) mi papá, y nace Osvaldo Ceferino (quien escribe). Nos radicamos en la chacra que arrendó durante casi 50 años, y en la década del 70, ley de desalojo, segundo golpe fuerte para la localidad luego del expirar férreo, mi familia se radica definitivamente en Orense, con una despensa, venta de pan y venta de helados, (fui el primer degustador). Años difíciles, mi padre tomó empleo en la estancia El Guanaco, el campo “su lugar”, trabajo de hacienda, lo que amó siempre, hasta jubilarse.
Irma, la tercer hija, fallece a los 17 años, en 1942, un duro golpe para esos padres y hermanos mayores. Sus amigos y amigas, llevaron sus restos a pie sobre las polvorientas calles orensanas hasta su morada final.
Ada, compinche, confidente (con su padre) y de gran ayuda para la economía familiar, según las cartas, que se escribían, y que ella guardó con gran sentimiento. Fue empleada telefónica durante casi 28 años, y contrajo matrimonio con Félix Montecino, ferroviario. Luego de divorciarse de él, apareció en su vida Carlos Della Malva, ( Pocho para todos), constructor de renombre en el pueblo, hermosas edificaciones tienen su marca, y ella fue una gran madre, para su hijo Pedro Hugo.
María Teresa, dedicó muchas de sus horas a la enseñanza de folclore a chicos y grandes, fui su alumno; aprendí con ella lo que es la danza. Lo hizo en los colegios, y en la Sociedad Española. Incluso fue integrante del Nipao, (niños patinadores de Orense), donde dejó su huella marcada. Formó su hogar con Oscar García (Cacho), albañil, discípulo de Pocho, con quién trabajó, en varios momentos de su vida.
Alicia Susana, siendo muy jovencita junto a su hermano Carlitos, trabajaron en la tienda de Francisco Cortés, “ donde un peso vale tres”, así era su aviso, con 21 años, se unió a Aurelio Eguren, chacarero, delegado de Orense, incluso en una oportunidad. Ellos tuvieron tres hijos, Adrián Marcelo, Pablo Fernando y María Eugenia. Su casa fue anfitriona para navidad y año nuevo, momentos inolvidables para toda la familia.
Juan Carlos, el mimado de María, zapateador indiscutible, trabajó desde muy joven en la ferretería de la ex Cooperativa. Agrícola Ganadera de Orense, por más de 25 años. Actualmente es jefe de la agencia Pami de Orense. Se casó con Susana Ricabarren. Ambos fueron integrantes de la peña folclórica “La Huella”, que se reunía en el Club Orense, y estaba formada por: Tortorella, su esposa Marta, y numerosos jóvenes, que deleitaban con su danza, de gran actuación en Orense y la zona. Juan Carlos y Susana tuvieron dos hijos: Mauricio y Martín.
A los seis hermanos Arandía, los unía la pasión por el baile. Eran excelentes bailarines, herencia de su padre, el abuelo Joaquín.
En 1949, un 30 de octubre, enfermo severamente de asma, Joaquín falleció en su pueblo querido, dejando a su María sus tres hijos mayores y sus tres más chicos, con pocos recursos para salir adelante, pero salieron, siempre se sale ante la adversidad, Dios provee.
María, luego en su casa detrás de la vía, pasó sus años rodeada del gran amor de todos sus hijos, hijos políticos y de nosotros, sus nietos, quienes la recordamos con un cariño y nostalgia sin medida.
Su recuerdo lo llevo grabado, el ejemplo de sus hijos cuidándola hasta el último suspiro. La decisión de sus cuatro hijas mujeres, “un mes en cada casa nuestra”, con la ayuda de todos, “que ejemplo, que entrega, (reflejo de lo que hiciera su mamá allá por el 1900…y pico). Se fue el 21 de noviembre de 1977, con 77 años, ese número 77, que estuvo colocado en un cuadro en la cocina de mamá siempre.
Dos jóvenes que apostaron al Orense, naciente, pujante y que cultivaron la semilla del trabajo y la amistad, que le dieron siete hijos, y 10 nietos. Hoy casi 100 años después, varios bisnietos y algunos tataranietos.
Personalmente, una mezcla de emociones, grandísimas ausencias, pero con la enorme alegría y satisfacción de todo lo que compartimos juntos.

A todos ustedes, familia.
Osvaldo Lanusse Arandía
08 de mayo de 2013

Una galera por aquellos caminos polvorientos… de María del Carmen Valdez


Corrían aquellos años polvorientos, en que los nativos estaban dando paso a las nuevas civilizaciones. Sí, pueblos polvorientos, caminos polvorientos que surcaban las llanuras, para convertirlas en rutas que convergían en ciudades más importantes. ¿El motivo? El abastecimiento de mercancías, médicos, hospitales, etcétera. Esas cosas que tienen las ciudades, y que aún hoy en los pueblos, por razones obvias siguen faltando.
Había que encontrar una solución… Aquel personaje que arriesga a todo o nada, fuerte, decidido, generalmente descendientes de europeos, y allí estuvo muy plantado Genaro Valdez, hijo de españoles, que puso la primera galera que unió Orense con Tres Arroyos. Caminos barrosos, ya no sólo polvorientos pues había que viajar todos los días o casi todos. Por las horas del viaje, por el frío o el calor, siempre se hacía un alto en el camino y allí en ese momento, aparecía en escena el boliche de la Oficina o el Hueso Clavado, como aún se lo denomina. Los hombres tomaban su copita, las mujeres sacudían sus ropas.
El viaje continuaba con los pasajeros ya distendidos, contentos, con un toque de alegría y buen humor para llegar a la noche muy tarde al pueblo de Orense. Sí, aquella primera galera de pasajeros, lo que hoy sería una confortable combi con aire acondicionado, calefacción y rutas asfaltadas fue conducida por mi abuelo, Genaro Valdez.
Pasaron los años y su hijo, mi papá, Jesús Valdez fue creciendo en un medio familiar de cariño y trabajo. Fue así que, después de haber viajado durante años a Buenos Aires, con motivo de traer la mercadería a Orense, al levantarse el Ferrocarril General Roca, seguía creciendo en él el disfrute de manejar, como su padre y puso la primera Estanciera que viajó de Orense a Tres Arroyos. A la tarde salía siempre a las 14 horas y regresaba desde allá a las 19:30. Hasta ese momento sólo existían dos colectivos que salían a la mañana muy temprano y regresaban a la noche y así los pasajeros debían pasar todo el día en Tres Arroyos.
A Jesús la Estanciera le dio muchas satisfacciones como todo lo que él emprendía. La gente viajaba mucho. Era sólo medio día y también los sábados iba y regresaba de mañana. Algunas docentes de este pueblo viajaban con la Estanciera los días sábados para hacer diferentes cursos relacionados a su profesión.
Pero allí, en uno de esos viajes fue que tristemente terminó su vida, sin ningún inconveniente para los pasajeros que viajaban, porque Dios está en todas partes. Pero murió feliz, disfrutando lo que más le gustaba hacer que era manejar.
¡Gracias papá por enseñarnos a disfrutar de la vida trabajando!

Del ferrocarril al pavimento, un largo camino, de José Ángel Keergaard

El 14 de abril de 1977 la revista Gente publicó una artículo referido al ramal Deferrari-Dorrego del Ferrocarril del Sud (que fue suspendido en 1961) bajo el título “Un caso increible ni más ni menos”. “El tema en su esencia no es otro que el singular caso que, pese al tiempo transcurrido, la empresa ferroviaria siga pagando los sueldos a gente que no trabaja, no por culpa de ellos, mientras que los pueblos a la vera de las vías agonizan ante la falta de comunicación vial”, dice el artículo. “No se puede menos que pensar en la incomunicación de cada pueblo en los días de fuertes lluvias, cuando los caminos se convierten en lagunas. Con esto se demuestra la importancia que tenía el ferrocarril para nosotros, dicen los habitantes de estos pueblos. Esto quedó concluido en enero de 1971 cuando se llevaron los rieles”.
En cada estación vive un encargado, que es personal de Ferrocarriles Argentinos. Seguro que estos hombres no tienen la culpa, siguen el destino que la empresa les señale hasta el momento de su jubilación.”
Las dudas y las sorpresas marcaron el interés por conseguir respuestas a los interrogantes, pero los funcionarios enmudecieron. Fue como accionar la palanca de desvío para entrar en vía muerta”. Los periodistas de la revista recorrieron todas la oficinas de Ferrocarriles Argentinos, del Ministerio de Obras Públicas de la Nación, etcétera y no encontraron explicación.
En este largo camino del barro al pavimento, recién en el año 1976 se iniciaron los trabajos de entoscado (de media mano) del camino hasta San Francisco de Bellocq, que culminaron en 1977. Luego de 16 años se lograba una salida afirmada, pero precaria. En ese mismo año el 29 de abril se logra una entrevista con el gobernador Gral. Saint Jean, en una visita a Tres Arroyos. Las gestiones de la Asociación de Fomento de Orense, del delegado municipal Valdemar Keergaard y del Intendente Municipal Sr Angel A. Cortese tuvieron éxito. Se les informó que a fin de año se licitaría la ruta 72 para el tramo Orense-ruta 73. En junio de 1980 se inauguró este tramo de la ruta que fue construida por la empresa Novobra. A su vez se asfaltaron varias cuadras de la Localidad y, algo muy necesario, se pavimentó hasta la Unidad Sanitaria.
El tramo Orense- Energía se construyó en el segundo lustro de la década de 1980 y finalizó a fines de 1989. Los trabajos fueron realizados por la empresa Bacigalup Y Destéfano. De esta manera Orense quedó comunicado por ruta pavimentada para todos los destinos; desde aquél lejano septiembre de 1961 en que el ferrocarril dejó de funcionar pasaron casi 3 décadas. Fueron muchos años de batallar gestionando, innumerables horas y viajes de gente del pueblo entre el barro. De innumerables entrevistas con funcionarios para lograr el cometido. Aún varios pueblos y estaciones padecen este problema.

jueves, 9 de mayo de 2013

El transporte de carga en orense de Delfa Valdez



La historia del transporte de mercaderías, de lanas, cueros cereales, está muy unida a mi propia historia, porque mi padre, Jesús Valdez, se desempeño siempre en ese rubro, salvo sus primeros años de su juventud, que trabajo en el almacén de ramos generales “Los Gallegos”, donde aprendió a manejar camiones. Más tarde se compro su camión y comenzó a realizar viajes y traslados de mercaderías a Tres Arroyos y su zona. (Foto 1)
Corría el año 42; con su familia ya formada, y siempre con deseos de superación y tratando de llegar a unidades más nuevas, fue adquiriendo  vehículos más grandes y mas nuevos para dedicarse a realizar viajes más largos: Orense, Buenos Aires, Tres Arroyos, Bahía Blanca y, en época de cosecha, por supuesto, puerto Quequén, con cereal. En los años 50 en el puerto había ya un gran movimiento de barcos, y nosotras cuando lo acompañábamos quedábamos asombradas. Íbamos a verlos anclados en el puerto algunos, y otros esperando su turno para entrar y cargar.
El transporte de mercaderías en esos años consistía en ir hasta Buenos Aires a buscarlas a la central de cooperativas, para traerlas luego a la Cooperativa Agrícola Ganadera de Orense, (hoy de Tres Arroyos). Así era el abastecimiento durante muchos años. Lo que también era importante era cuando iba aprovechar el viaje para llevar lienzos con lana, que eran atados de arpillera de gran porte o también cueros. En esa época, es de destacar que en los campos se criaban gran cantidad de ovejas que se esquilaban, para enviar a Buenos Aires esa lana, de mucho valor, (quien la compraba era el Sr Antonio Di Cárolis para la barraca LA unión). Quiero destacar que era el único transporte que realizaba ese trabajo, por lo menos, los primeros años. En uno de esos viajes fue cuando la directora de la escuela N° 17, sra Nelida Meo Guzman, le encargó que trajera el monumento  a la Madre, tarea muy especial considerando los cuidados que se debían tener para transportarla y que llegue en 
perfectas condiciones, tarea que el realizo con gran responsabilidad y orgullo, porque lo viví, sé que él sabía que esa tarea iba a significar un trozo de historia para Orense.(foto2)
Es muy importante además ubicarnos en la época, para recordar que los caminos hasta Tres Arroyos o Necochea eran de tierra y había que transitarlos, según la época del año, con las dificultades propias. En épocas de lluvias los caminos se convertían en senderos que había que ir abriendo entre el barro; o en el verano calles polvorientas, con vehículos sin calefacción, ni aire acondicionado. Todo un trabajo realizado con gran esfuerzo y constancia.
Tengo recuerdos muy presentes de lo que significaba para toda la familia, cuando mi padre partía para Buenos Aires porque eran no menos de diez días, lejos del hogar, andando lentamente hasta legar a destino. Teníamos noticias de él porque hacia paradas donde había teléfonos para decirnos por donde iba, y preguntar como estábamos, porqueno eran épocas de celulares, ni GPS que lo orientara para a entrar a BS AS. Tengo en mi recuerdo salir fuera de casa para ver el camión cargado  con esos lienzos de gran volumen, que sobrepasaban la altura de la caja del camión. Cada partida era como emprender una gran expedición, no se sabía cuando regresaba ni los percances que podía tener en el camino. Cuando emprendía el regreso también se comunicaba desde alguna estación de servicio para informarnos cuando podía llegar. Tenía algunas paradas  casi fijas: en Chilllar o Cañuelas, y más cerca en Tres Arroyos, desde la estación de servicio La MARTITA, punto obligado  de llegada donde ya había establecido alguna relación de amistad con su dueño. Allí  a veces cenaba o lo hacía en la última parada, esa segura en el almacén del Hueso Clavado, porque además allí compraba las  famosas  y actuales Titas, que nos traía de regalo nosotros pensando que eran de Buenos Aires,  a lo que nosotros le dábamos más importancia, era algo de la gran ciudad, cuando fuimos grandes nos enteramos de la verdad, ya tarde para desilusiones, y en su momento nos hizo felices.

Por un corto lapso de tiempo, tal vez por estar más con su familia, vendió el camión y compro la estación de servicio Esso, con un anexo de bar que él inauguro de tipo familiar como son en la actualidad (foto 3 y art,deldiario)Pero para un espíritu inquieto y viajero estar tantas horas en el mismo lugar no era para él, así es como nuevamente  volvió a su actividad ,comprando  esta vez un camión de hacienda viajando otra vez a Bs As. Así volvió a las rutas  a reencontrarse con sus compañeros, hombres que como él  ponían todo su esfuerzo, trabajo y responsabilidad. Así fue su aporte  a este pueblo hasta que motivos de salud le impidieron continuar.

Delfa Valdez



Una historia de educación en el cercano San cayetano de Marta Jensen





  • En el 1950 se loteó la Colonia Rivadavia y se comenzó una escuela en las instalaciones de la estancia LA ARCADIA.
    Los chicos iban a caballo, en sulky o villalonga; mi hermana y yo íbamos a pie, una hora de ida y lo mismo de vuelta. No fue fácil para los que éramos de padres extranjeros y no sabíamos el castellano,;pero Blanca Olsen de otro grado me traducía en los primeros años y así fui aprendiendo con sacrificio. Llegando a los grado más altos mi sueño era ser abanderada y lo logré con mucha emoción y orgullo, izaba la bandera y la sostenía en los actos.
    Mamá me enseñó a leer y escribir en danés antes de comenzar el colegio, con 7 años cumplidos como era el requisito en aquel entonces. Los primero años había una sola maestra para todos los grados, desde primero inferior hasta quinto, la señorita Margarita González, luego eran dos juntas, estuvieron Rosa Pueblas, María Dolores García Daván e Ivonne Tangorra, mientras yo iba.
    Un año había tantas flores en casa que mamá hizo guirnaldas que adornaron todo el salón en un acto de fin de clases, hermoso!!.
    En el año 1970 se edificó una escuela nueva.
    Marta Jensen



sábado, 4 de mayo de 2013

La educación en la década del 50 al 60




De Nélida Cabo

      Quisiera poder hilvanar palabras que describan el esfuerzo  que significó para los chacareros  dar una formación escolar  a sus  hijos hace 60 años.  Y quisiera hacerlo despojando mi relato de toda subjetividad. Porque si para los padres fue  una tarea complicada, no lo fue menos para nosotros que éramos los protagonistas de ese hecho.
     Se me hace muy difícil pero lo voy a intentar.
     Difícil ¿por qué? Porque yo vivía en el campo a 15 kilómetros de Orense y el vehículo que nos movilizaba hasta el pueblo era un Ford A (en el mejor de los casos, porque recuerdo haber  venido a hacer las compras en sulky). Difícil porque  mi padre debía trabajar el campo y mi madre dedicarse a las tareas de la casa. (Para el caso era lo mismo, porque, aun cuando mi madre tuviera alguna ayuda en el quehacer  diario no sabía conducir un auto,  lo cual significaba que  para venir al colegio siempre debíamos contar con el hombre de la casa o con el de algún campo vecino).
    ¿Cuáles eran las opciones para que los niños que vivían en el campo aprendieran a leer y escribir?
   Las pensiones familiares.
   Las maestras particulares.
   El pupilaje en el Colegio San José.
   Las “pensiones”  eran casas de familia donde se alojaba a los niños de lunes a viernes (o de marzo a noviembre aquellos que venían de otras ciudades) y donde la dueña de casa hacía las veces de madre, y se ocupaba de ayudarlos en todas las tareas escolares e ,inclusive, iniciarlos en sus prácticas de higiene, salud, etcétera.
    Algunos chacareros  se ponían de acuerdo y ocupaban una  “maestra particular”, que era una docente  que se alojaba en una de sus casas, y hasta ella iban los niños vecinos a  clase. Periódicamente concurrían a una escuela oficial, y allí acreditaban sus aprendizajes y promovían de año. No siempre era una docente con título. A veces eran personas entusiastas en el arte de transmitir lo que sabían y oficiaban de maestras.
   Debo aclarar que en esa época la escuela primaria se componía de 1er grado inferior , 1ro superior, 2do. 3ro. 4to. 5to y 6to.
   En mi  caso particular mis padres decidieron para “ahorrar tiempo” que rindiera 1ro inferior y superior en un mismo año con una maestra particular, y luego acreditara ambos grados en la Escuela 17.Yo pienso que el ahorro no era sólo de tiempo, lo era también de esfuerzo y de dinero.
     Ya en 3er grado ingresé como pupila en el Colegio San José hasta egresar .Gracias al “ahorro de tiempo” tenía en ese entonces 7 años.  Muy pequeña para estar toda la semana lejos de mis padres. No quiero justificarme pero creo que fue gracias a  esta situación que me “inventaba “ dolencias. La más común era una “puntadita” que me tomaba en el lado derecho del vientre ni bien llegaba a la escuela. ¡Ojo! a  veces me daba antes de salir del campo y  ahí tenía la posibilidad  de estar un rato más en  mi casa (no sé si mi dolencia era premonitoria o no, pero, 30 años más tarde debí operarme de apendicitis. Como pre quirúrgico un poco largo el período ¿no?)
  Seguramente  también por extrañona  manifesté  alegría cuando se incendió un campo vecino y mi padre fue a colaborar en la extinción del fuego. Ustedes dirán ¡qué feo ¡ ¿no? disfrutar del mal momento de un vecino. Pero, lo único que me importaba era estar un poco más en mi casa. 
   Volviendo al inicio de este relato, dije que quería hacerlo despojado de subjetividad y sinceramente creo  que la experiencia mía no fue ni mejor ni peor que otras. Recuerdo a una compañera de grado a la que llevaban en sulky  y que sin dudas sufriría más de las inclemencias del tiempo que los que estábamos pupilas. Tengo presente a compañeros que muy lejos de sus familias se hospedaban en pensiones y visitaban a sus padres una vez al año.  Y comparto la experiencia de quién viviendo más cerca del pueblo  caminaba una hora para llegar a la escuela y otra para regresar al hogar.
   No he querido significar que  fuera  tan doloroso  hacer escuela. Así eran las cosas en este Orense  que está cumpliendo 100 años. Los medios de transporte eran otros. Las obligaciones eran otras. Las calles… Todo se correspondía con un pueblo que recién nacía.